¿Tomar sacarina ayuda a adelgazar?


¿Es mejor la sacarina para perder peso?

La sacarina es un edulcorante no calórico, como también lo son el aspartamo, la sucralosa, la stevia o el ciclamato.


Es habitual, cuando hay reuniones de amigos o familia en las que se comparten comilonas, escuchar la típica frase de: “a mí el café con sacarina por favor, que estoy a dieta”.




¿La sacarina – o derivados – ayudan a perder peso? ¿Qué dice la ciencia y qué hay de cierto en esto?


Es lógico pensar que si son edulcorantes no calóricos (no aportan calorías) y los sustituyo en detrimento del azúcar reduciré la energía que ingiero y eso se traducirá en una bajada de peso a largo plazo. De hecho las recomendaciones para ayudar a combatir el sobrepeso y la obesidad han ido por esta línea durante muchos años.


El consumo de estos edulcorantes se ha disparado en los últimos 20 años y las tasas de sobrepeso y obesidad no paran de aumentar, por lo que la pregunta a realizarse es obvia: ¿me ayudan a adelgazar realmente?


El tema no es nada sencillo y la evidencia científica en este sentido es muy baja. Todos ellos son seguros y salvo la estevia, que tiene un margen de seguridad más estrecho, no pueden considerarse nocivos ni venenosos ni cancerígenos como muchas veces se lee o se escucha.


Y la cuestión es compleja porque la obesidad no depende únicamente de la cantidad de azúcar que consumes sino de otras variables alimentarias y no alimentarias.


Algunos expertos plantean que los edulcorantes no calóricos, al tener un poder dulce muchísimo mayor que el azúcar (el que menos tiene 100 veces mayor poder endulzante), si se toman durante periodos largos de tiempo producen una alteración en el sentido del gusto – en concreto del sabor dulce – lo que provocaría que las áreas de nuestro cerebro que se relacionan con el placer y la recompensa se activen de forma muy frecuente, llegando a producir una “adicción” a sabores intensos (estudio 1, estudio 2) que nos hacen buscarlos en casi todo lo que comemos (estudio 3 y estudio 4).


Además, la ingesta frecuente de este tipo de edulcorantes a largo plazo se ha relacionado con la modificación de la microbiota intestinal, favoreciendo la obesidad y la aparición de diabetes mellitus de tipo 2.


Según la evidencia disponible en la actualidad, los edulcorantes pueden ser utilizados sin problema, son seguros, pero de forma puntual y con moderación.


Por el momento no se ha demostrado que sean una herramienta útil para prevenir el sobrepeso y la obesidad. De hecho los datos apuntan hacia el sentido contrario, es decir que su consumo habitual a largo plazo puede favorecer la obesidad, aunque los datos actuales no son sólidos.