La Insulina y el colesterol


La insulina tiene un efecto directo sobre los niveles de grasa en sangre

La insulina es una hormona que se fabrica en el páncreas en respuesta a una subida de glucosa en sangre.

Según los últimos estudios, los españoles consumimos una media diaria de 112 gramos de azúcar, cuando las recomendaciones no deberían superar los 25 gramos al día.

O sea, que insulina fabricamos en cantidades industriales.

¿A dónde quiero llegar con estos datos, y que tiene que ver la insulina con el colesterol?

Aquél sistema perfecto a modo de barco que repartía triglicéridos y colesterol se ve claramente interferido por la insulina.

En un post anterior hacía referencia a que muchos órganos, entre ellos los músculos y el hígado, prefieren consumir triglicéridos como combustible.

Pues bien, cuando hacemos una comida rica en hidratos de carbono y/o azúcares, nuestro organismo responde fabricando grandes cantidades de insulina.

La insulina "obliga" a órganos como el hígado y a los músculos a consumir glucosa en detrimento de los ácidos grasos (triglicéridos). El exceso de azúcar que no puede quemar, lo transforma en grasa y lo almacena (dando lugar al dichoso michelín o a un hígado graso).

Aquel barco (VLDL) cargado de tripulación (colesterol) y pasajeros (triglicéridos) que salía de Melilla (hígado) empieza a vagar por la sangre sin poder parar en ningún puerto porque la insulina ha dado la orden de quemar azúcar y no grasa.

La insulina es la capitana del barco, y aunque el barco tenga previsto parar en diferentes puertos, ella ordena que no se pare porque no hay escaleras para bajar (el azúcar en sangre impide que se bajen las escaleras del barco).

Al no poder parar en ningún puerto, el barco comienza a oxidarse. Un barco oxidado circula más lento y empieza a sufrir grietas que favorecen que se le peguen algas, plásticos... (lo que se conoce como partículas LDL oxidadas).

Después de circular más de 7 días sin poder parar en un puerto el barco consigue llegar al puerto del cual salió (el hígado).

El hígado reconoce que este barco está oxidado y lo vuelve a mandar a la sangre porque tiene mucho trabajo y no desea barcos en mal estado.

De este modo comienzan a acumularse partículas LDL oxidadas (como un chicle cuando se pega a una zapatilla) y triglicéridos en el torrente sanguíneo.

Estas partículas son las que si encuentran un daño en la pared de las arterias se quedan pegadas e inician la famosa placa de ateroma. Son las que están relacionadas con las enfermedades cardiovasculares.

De esta manera, si seguimos consumiendo dietas ricas en hidratos y/o azúcares, se seguirá fabricando insulina en grandes cantidades y esta situación se perpetuará en el tiempo.

Por este motivo soy tan pesado en recomendar a mis pacientes y sobre todo a los niños, reducir el consumo de azúcar diario.

Para bajar el colesterol y los triglicéridos no bajes el consumo de grasa, baja el consumo de azúcares.

Feliz semana.