Ser ancho de huesos, ¿verdad o mito?

¿Realmente hay personas más "anchas" que otras?

Os pongo en precedentes.


Camino de vuelta a casa. Mientras espero que el semáforo para peatones se ponga en verde, un señor y su hijo a punto de subir al coche entablan una conversación con una señora que pasea a su perrita. Desconozco la relación entre ellos, pero de lo que sí estoy seguro es que la mujer tenía pocos pelos en la lengua.


Le recriminaba al padre que llevara a su hijo en coche porque estaba "gordito". El señor le contestó con una sonrisa en la boca aquello de que "el niño es así de siempre, en nuestra familia somos anchos de huesos".


Lo más curioso de todo es que el crío también sonreía, no sé si aliviado de no caminar o de saber que su problema era debido a su genética.


Desde que tengo uso de razón he escuchado a mi abuela, a amigos, conocidos y desconocidos la famosa frase de "no soy gordo, soy ancho de huesos".


¿Qué hay de cierto en ello?


Os aporto una imagen muy ilustrativa. A la izquierda una persona obesa. A la derecha una persona delgada. Fijaos en sus huesos. ¿Son más anchos? Juzgad vosotros/as mismos/as.


Existe la creencia de achacar los kilos de más a nuestra constitución "ancha", un problema genético heredado de nuestros padres y/o abuelos.

O simplemente porque nuestro metabolismo es "diferente" al resto.


De todos los factores genéticos estudiados y que se relacionan con el exceso de peso, si una única persona obesa, por desgracia, los tuviera todos (cosa poco probable) explicaría menos del 5% del valor del peso corporal (es decir que de un individuo de 100 kg, la genética sería responsable únicamente y como máximo de unos 5 kg).


No se trata de culpar a la persona que sufre obesidad. Precisamente es ella la menos responsable de su peso. Pero ello no implica que deba abandonarse y culpar al mundo de su situación. Se puede revertir ese estado. Debe conocer las herramientas adecuadas que le lleven al éxito. En su mano está conseguirlo.


Lo que menos necesita una persona con exceso de peso es poner excusas. Cada excusa se convierte en la barrera perfecta que cronifica la obesidad.